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Entre el consultorio y el terreno de juego

Odontólogo de profesión y personaje del beisbol

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Sus dos amores: la pelota y su familia GABRIELA PULIDO
ANTONIO CASTILLO |  EL UNIVERSAL
domingo 3 de febrero de 2013  12:00 AM
Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer y en este caso no hay excepción.

Oscar Prieto Párraga está casado desde 1970 con Miriam Rojas, de quien dice es su gran apoyo, su pilar, su columna y amor indiscutible.

"Nos conocimos en 1968. La verdad es que me la presentaron siete u ocho veces en la universidad, porque yo soy muy malo para las caras. Mi memoria es auditiva, pero no reconozco las caras. En fin, comenzamos amores en 1969 y nos casamos en 1970".

Explica Prieto que a pesar que a su esposa no le gustaba el beisbol, siempre le apoyó. "Me decía que el Caracas era su único rival, pero nunca me peleó mi pasión por el equipo", confesó.

Tiene dos hijos, Gabriela y Oscar, y dos nietos Lorena Valentina (8) y Mario Ignacio (5), quienes son su delirio.

"Gabriela tiene 15 años viviendo en Estados Unidos y sus hijos son sencillamente especiales. Lorena Valentina me recrimina incluso con autoridad que no la he nombrado en entrevistas televisivas, mientras que el pequeñín Mario Ignacio trata de abrirse paso en el beisbol".

Explica que su nieto comenzó jugando fútbol, pero se le notaba un desgano total. Cuando lo pasaron al beisbol cambió de actitud. Le gusta muchísimo. ¿Quién sabe, lo llevará en la sangre? Aunque hay que estar claros que solo tiene cinco años".

Su primogénito, Oscar Prieto Rojas se abre paso como comentarista, a pesar de haber cursado estudios de Ingeniería. "Es muy disciplinado", dice su padre, agregando que cuando muy niño intentó jugar beisbol, pero no pasó de la categoría preinfantil.

Odontólogo por convicción

"Siempre quise ser odontólogo y disfruté mi profesión. Trabajé con niños y hasta con peloteros", dijo.

"Viví muchas cosas en mi profesión, en la cual los niños ocuparon un lugar importante. Hay que tener mucha vocación para asumir esta profesión, ya que se ven casos nada agradables".

Una de sus anécdotas dan cuenta de que en una de sus prácticas en la universidad le tocó atender nada menos que a Luis "Camaleón" García, uno de los peloteros más emblemáticos del beisbol venezolano, pilar entonces de los Navegantes del Magallanes. "Realmente fue una casualidad".

También atendió a Antonio Armas, recién llegado de Puerto Píritu. "A otros peloteros con molestias los he referido a otros médicos".

acastillo@eluniversal.com

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