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"La idea es nunca rendirse"

"Cuando ves la línea de meta sacas fuerzas de donde no las hay para poder llegar"; "Muchos maratonistas que corren en el exterior lo hacen con las uñas, por el poco apoyo" ERNESTO LINZALATA

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Ernesto Linzalata expone en su libro la propia visión de los atletas que acometen el asfalto en agotadoras pruebas de largo aliento GUSTAVO BANDRES
RICARDO JOSÉ MACIÑEIRAS , MARATONISTA VENEZOLANO |  EL UNIVERSAL
domingo 9 de diciembre de 2012  12:00 AM
"Corre cuando puedas, camina si tienes que hacerlo, gatea si es necesario; solo nunca te rindas". Palabras de aliento de un atleta a otro. Es la consigna que sirve como musa del maratonista Ernesto Linzalata antes, durante y después de hacer aquello que tanto ama y practica disciplinadamente desde hace 10 años: correr.

"La frase es de Dean Karnazes, gran maratonista estadounidense", precisa Linzalata. Así trata de explicar esa esencia que caracteriza a todo aquel quien corre. Es esa alma del corredor la que intentó plasmar en una publicación ideada por Ernesto Rangel (editor) y que también contó con la participación del ojo artístico de la fotógrafo Ángela Bonadies.

"Con el Alma en los Pies" se titula el libro, cuyas páginas fueron bautizadas el martes pasado y son muestra de una degustación de imágenes junto con 10 entrevistas a íconos del running en Venezuela.

-¿Qué buscaban al escribir "Con el alma en los pies"?

-Narrar y mostrar esos distintos pasajes que experimenta un corredor, desde el mismo momento que decide que va a correr hasta el instante en el que cruza la meta. Yo tuve la responsabilidad de hacer las entrevistas, en las que tienes a hombres como Pedro Penzini Fleury, que en paz descanse, quien fue el gran promotor del running en este país. Hay mujeres como Yeisy Álvarez, quien es una corredora de primera línea y que espera estar presente en los próximos Juegos Olímpicos. También está Ignacia Madera, una señora de más de 80 años con Parkinson y que, a pesar de eso, sigue corriendo.

-En el libro Ángela Bonadies escribe de la animalización, en el buen sentido, del atleta al cruzar la línea de meta. ¿Cómo podrías describir tal fenómeno que experimentan los corredores?

Wow! (suspiro). Yo creo que cuando uno corre un maratón y se acerca a la meta, sobre todo cuando ves la línea de llegada, no importa cuán desgastado estés; no importa cuán descompensado puedas estar físicamente. En ese momento sacas la fuerza de donde no la hay, para poder llegar y ver esa medalla colgada sobre tu pecho. Muchas veces nosotros nos preguntamos: "¿Cómo es posible que yo haya podido superar esos últimos 100 metros si yo venía gateando, reventado, quebrado". Es algo más emocional que físico, y lo emocional te lleva a lo físico.

-Y, ¿luego qué sucede?

-(Otro suspiro) Increíble. Hubo una vez un corredor norteamericano, en el maratón de Boston, que dijo que luego de una carrera de 42 kilómetros tu vida se transforma. Siempre es una experiencia a veces tan difícil de explicar. Es donde reflejas que muchas veces el hombre es alguien capaz de superar los límites. Muchas veces uno cree que hay metas que no van a poder ser alcanzadas, pero son logradas. Creo que eso está muy bien reflejado en cada maratón.

-Con el cierre del ciclo olímpico, qué análisis darías del talento y cómo es desarrollado en Venezuela.

-Creo que es bien interesante el esfuerzo que se está haciendo por impulsar las carreras de calle, que es el mundo en el que yo me desenvuelvo. Pero opino que el grave problema es que solo hay un evento 42 kilómetros al año, que es el maratón CAF (...) en cuanto al apoyo, aquí tengo una denuncia que me acaba de hacer el corredor José Peña. Él acaba de estar en los Juegos Olímpicos (3.000 metros con obstáculos). Me dice que tuvo que pagar, de su bolsillo, prácticamente 15 mil dólares por su ciclo de preparación, y todavía está esperando que le cancelen ese dinero.

-¿Abundan casos así?

-Al conversar con maratonistas de primera línea, que tienen que competir fuera del país, te das cuenta que van a correr con las uñas. Yo recuerdo el caso histórico de Carlos Tarazona, cuando fue a los JJOO. Ni tenía la ropa con la que iba a competir. También José Alejandro Semprún, cuando fue a buscar la marca olímpica en Barcelona; si no hubiese sido ayudado por el Banco Exterior, ese muchacho no hubiese podido ir. Igualmente cuando Manuel Bellorín fue a Milán y tuvo que llegar a casa de unos amigos de su entrenador, Fedor Hernández. Entonces esas cosas no pueden ser. Se está haciendo mucho, pero aún falta.

-¿Dónde se puede adquirir "Con el alma en los pies"?

-Está disponible en la tienda Soy Maratonista de Las Mercedes y en Tecni-Ciencia Libros.

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