JOSEPH POLISZUK
ENVIADO ESPECIAL/EL UNIVERSAL
Key West.- No sólo quiere decir que la geografía
nacional y la falta de cooperación entre Miraflores y
la Casa Blanca en materia antidrogas son una ecuación
que sólo beneficia a los carteles de la droga. El director
de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial del sur de Estados
Unidos, Joseph Nimmich, esta semana abrió las puertas
de esa división, para destacar que el tráfico de
cocaína por Venezuela se multiplicó por cinco.
Los datos de los que dispone indican que las 51 toneladas
de cocaína que en 2002 registraron en el país han
ido aumentando hasta cerrar el año pasado con 255. Esos
son sólo los datos que refieren en Estados Unidos, pero
no hay otros, porque Venezuela carece de una red de radares
que especifique la cantidad de viajes ilícitos que hay
tanto en el aire como en el agua.
El diferencial del Producto Interno Bruto que registra el
Banco Central de Venezuela entre 2007 y 2002 precisa que la
economía ha crecido 31%. La inflación aumentó
231% en esos cinco años, según el índice de
precios del portal electrónico del mismo organismo y,
aunque en este país no es legal hablar del precio de
la droga, los datos del Norte dejan claro que el tránsito
de cocaína por Venezuela suma un incremento de 400%.
Si las estadísticas no hablan solas, Nimmich agrega
que la industria del narcotráfico se ha diversificado
con nuevas tecnologías. Menciona, por ejemplo, la reingeniería
que los traficantes están aplicando a algunos aviones,
para que recarguen sus tanques de gasolina mientras ejecutan
rutas nuevas que van precisamente desde lugares como la ciudad
de El Tigre, estado Anzoátegui, hasta países del
oeste de África, como Guinea, Mauritania y Guinea-Bissau,
"donde un avión cargado de cocaína vale más
que el producto interno".
Aunque en el mismísimo comando antidroga de Estados
Unidos reconocen que el narcotráfico del país no
supera al de Colombia e incluso Ecuador, en los últimos
años ha habido un punto de quiebre: la República
Bolivariana de Venezuela pasó de ser el puente por el
que circulaba 6% de los estupefacientes del hemisferio en
2002 a una plataforma por la que pasó 17% en 2007, lo
que para Nimmich es la mejor prueba de que Caracas y Washington
tienen razones para sentarse a trabajar en conjunto.
Desde Key West o lo que los latinos bautizaron como el Cayo
Hueso de Estados Unidos, la máxima autoridad de las fuerzas
antidrogas que ese país despliega en los océanos
Caribe y Pacífico reitera la necesidad de volver a recibir
en sus instalaciones a un oficial de enlace de la Fuerza Armada
Nacional.
"Ningún país, por muy poderoso que sea, puede combatir
solo este problema", asegura, y como acepta que el consumo
de droga le ronca a Estados Unidos en casa, agrega que se
trata de un mal que no es ajeno al resto del mundo: "Donde
hay droga hay crímenes, tráfico de personas y delincuentes".
Nimmich por eso dice, reclaca y repite varias veces que en
sus oficinas aún hay un escritorio disponible para suplantar
al militar venezolano que estuvo desplegado en el último
de los islotes de Florida, donde los militares del Comando
Antidrogas del Sur comparten las costas de la zona con los
turistas que bailan a lo Living la vida loca en los
bares de ambiente del pueblo o que buscan el famoso pub Sloopy
Joe's, para sentirse entre los lugares donde el escritor Ernest
Hemingway vivió e inspiró buena parte de su obra.
Puerto y aeropuerto
Los radares de Estados Unidos, Curazao, Puerto Rico y otros
aliados detectaron que todos los 134 viajes de aviones que
descargaron droga en República Dominicana y Haití
provenían del estado Apure.
Se trata de un punto que no puede estar a más de una
milla de la frontera colombiana, pero hasta en lo que el presidente
Hugo Chávez ha definido como el mismísimo "Imperio"
no es mucho lo que pueden hacer sin la colaboración de
Caracas. "No podemos interceptar las aeronaves porque lanzan
los bultos de droga al agua o a embarcaciones marítimas
y en cuestión de minutos se devuelven otra vez a Venezuela",
lamenta Nimmich.
Es el mismo esquema que critican con respecto a las embarcaciones
sospechosas que portan Bandera venezolana a lo largo del Caribe.
El caso de la embarcación Doña Antonieta
y las más de 3 toneladas de coca que 7 venezolanos transportaban
el pasado 24 de octubre en ella es uno de los ejemplos que
muestran en Key West, para destacar que aunque existe un vínculo,
la comunicación con las autoridades nacionales no es
suficiente.
"Habíamos visto y grabado a un avión lanzando 4
bultos al mar pero no pudimos actuar", cuenta. México
y Honduras reaccionan en 4 horas, Ecuador se lleva hasta 24
pero Venezuela tarda 27, lo que es demasiado.
No es un secreto que la brújula de América Latina
haya cambiado de rumbo. Tampoco que entre esos vaivenes, el
Gobierno nacional haya bajado la Bandera venezolana que hasta
2006 acompañaron las instalaciones militares de Key West.
Sin embargo, los pabellones de Ecuador y Brasil permanecen
colgados en la entrada, entre un grupo de 11 países de
América y Europa que van desde Colombia a Gran Bretaña.
En la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial, adscrita al
Comando del Sur, incluso se jactan de trabajar en conjunto
con Nicaragua, cuyo gobierno les autoriza sobrevuelos cuando
rastrean un avión sospechoso sobre su espacio aéreo.
"Los narcotraficantes están aprovechando las diferencias
políticas", concluye Nimmich. "Venezuela se ha vuelto
muy atractiva para ellos".
jpoliszuk@eluniversal.com