El ejercicio estratégico de Luis funcionó desde el primer día. Casillas sacaba el balón jugado hasta Marchena o Ramos. Senna la prolongaba y Xavi o Cesç se ofrecían. Iniesta y Silva cortaban hacia dentro o hacia fuera. Los rivales asistían hipnotizados ante el tiqui-taca rápido y fluido de los españoles. ¡Toquen, toquen!, gritaba Aragonés. Y así, tocando, la pelota llegaba hasta Torres, Villa o Güiza. Resultado: seis partidos ganados; 12 goles a favor y tres en contra; Casillas, el portero menos goleado y el menos rematado. Y Villa, pichichi.
Planteamiento redondo antes y durante el partido. El Plan A (4-4-2) tenía un Plan B (4-5-1). Los 16 cambios influyeron. Y es que, como todo en la vida, el fútbol es ideología. Y la filosofía de Luis es la más atrevida, la más estética, frente al fútbol cavernícola del patadón y del catenaccio.
Que se lo digan a Senna, el brasileño que encontró el verdadero jogo bonito en la selección española. El mediocentro del Villarreal, elegido el mejor del torneo en su puesto, tan tímido él, parece otro. Tanto que se atreve a pedir al seleccionador de su país de origen, Dunga, que Brasil juegue como España. Otro valiente. DL