San Cristóbal.- El entrenamiento del Deportivo
Táchira es casi una reunión familiar. La alegría
denota el estado de ánimo de unos jugadores que, aunque
no lo digan, ya se sienten campeones. A la par de los futbolistas,
tres niños corren de un lado a otro, soñando con
ser como ellos. Piden la pelota, juegan y se hacen llamar
como los protagonistas de grandes hazañas.
El primero es Fernando, uno de los hijos del "Patón"
González. El niño ve a su papá y se le acerca:
"Pa, ¿puedo jugar un rato o no?". El eterno defensor
sonríe y se junta con él para ser el primero que
se divierte.
Atrás, con una camiseta de fútbol y toda la pinta
de jugador, aparece Diego. No por nada, lleva el nombre del
ídolo de su padre, Diego Maradona. Camina entre los demás,
es un poco más grande que el resto y se hace notar. Toca
la pelota con calidad y denota que no en balde lleva el apellido
Morán en sus espaldas. El hijo de Ruberth, el histórico
goleador vinotinto, también se suma a esta euforia.
Uno más se incorpora. El kinesiólogo del club,
Julio Alfaro, deja que su hijo también sea parte del
sueño. Brinca y pide el balón por todos lados. No
saben que su equipo del alma está a punto de salir campeón,
pero para ellos ese equipo es familia.
Los tres, cansados de tanto correr, se sientan encima de
los balones, al igual que sus ídolos, y descansan mientras
los ven trabajar. Disfrutan de cada paso, cada movimiento
y cada situación.
Entre los protagonistas hay uno en particular que hizo lo
mismo que ellos. Carlos Moreno, hijo de Carlos Horacio, ex
técnico del club y de la selección, ahora es jugador
profesional.
Los niños, sin quererlo, también son parte esencial
de la leyenda que hoy se construye.
Cada uno, al entrar a su colegio y estar en su hábitat,
se junta con sus amigos y recuerda con el mayor orgullo de
todos y la alegría fijada en el corazón: "Mi papá
es del Táchira". OS