Siempre se ha dicho que un equipo de beisbol es como una gran familia, o por lo menos que debería serlo, porque en él conviven durante más de seis meses un grupo de más 50 personas durante día y noche. De allí que la armonía, la cordialidad y la tranquilidad son factores que procurarán encontrar y mantener los gerentes y dueños de estas organizaciones, ya que de ahí se desprende gran parte del éxito que se pueda lograr.
Este año en los Angelinos de Los Ángeles ese clima, ese sentido de identidad entre todos sus jugadores, podría tener algunas variantes, en particular con el cerrador venezolano Francisco Rodríguez, quien tuvo que soportar una serie de fuertes y dolorosos argumentos por parte del equipo en el proceso de arbitraje salarial que se realizó hace dos semanas, y del cual salió vencido. Tras ese resultado, las relaciones entre Rodríguez y la organización sufrieron una ruptura, mínima según las palabras del propio lanzador, pero ruptura al fin que podría profundizarse en el transcurrir de la campaña.
El venezolano, quien fue el niño mimado de la novena desde 2002, cuando llegó a las Grandes Ligas, hasta mediados de la zafra anterior, en la que él se mostró inconforme por la pasividad que tenía el conjunto en relación con ofrecerle un acuerdo multianual ajustado a sus expectativas. Desde ese momento hasta la actualidad el malestar de Rodríguez ha ido en ascenso, en parte también porque la novena ha renovado contrato con otros jugadores, entre ellos Scott Shields, quien es candidato a ser el futuro cerrador del club, es decir, por quien los Angelinos estarían apostando por ocupar el puesto del venezolano.
Ante esta situación tanto Rodríguez como la directiva de los Angelinos se encontrarán intranquilos durante la campaña, pues es como dormir con el enemigo, con esa persona a la cual le has perdido la confianza y de la cual temes una venganza, una revancha pendiente.
Este factor, ha dicho Rodríguez, lo motivaría a tener una gran campaña, para luego pedir lo justo, según su expectativa, en un pacto multianual. Sin embargo, el tener ese pensamiento siempre en la mente podría también jugar en contra del criollo y ahí también saldría perdiendo el equipo, que depende directamente de la actuación de Rodríguez. br