MARÍA GABRIELA MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
Huyen de los conflictos armados; huyen de las amenazas de muerte. Vienen de Haití, África o de Colombia, no importa, tienen en común el deseo de dejar atrás el sufrimiento y experimentar una nueva vida. Esa es la historia común de las más de mil personas desplazadas a quienes el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ha aceptado como refugiados en Venezuela.
Pero detrás de las tristes historias se abre un futuro pleno de oportunidades. Eso es lo que se podrá apreciar desde hoy en la muestra que se inaugura en el Celarg (Av. Luis Roche de Altamira), Refugiados en el arte, una manera de celebrar el Día Mundial del Refugiado.
Allí se exhiben 35 piezas: pinturas, esculturas, tejidos y artesanía realizados por 13 refugiados y solicitantes de asilo en Venezuela quienes transformaron el miedo y el dolor en arte. Algunos eran artistas en sus países de origen; otros, impedidos de trabajar en el país por falta de documentos. En ambos casos el arte ha servido como catalizador de emociones y como un medio de supervivencia.
David, uno de los refugiados, cuenta que en el arte encuentra un espacio donde puede sentirse él mismo: "Donde nadie puede irrumpir y un lugar donde siempre estoy creciendo y siempre estoy soñando. Es un mundo único que me hace sentir realmente vivo y espiritualmente pleno. En el arte no cabe la violencia ni la indiferencia ni la intolerancia; en el arte cabemos todos. La vida es un arte, la familia es un arte, arte de paz y arte de amor".
Marianne, artista haitiana, cuenta: "El arte es un medio de vida. Antes era un hobbie, ahora lo hago para vivir. Vivo del arte y vivo el arte. Espero tener una galería. Estoy trabajando duro para eso".