Michael Schumacher se despidió como todo un gran campeón
en Brasil, ganándose incluso el reconocimiento de aficionados
que por años le adversaron. Todos concluyeron que indudablemente
fue el mejor piloto de la carrera disputada en Interlagos.
Los graderíos literalmente se rindieron a sus pies luego
de protagonizar una de las más espectaculares remontadas
que haya visto la Fórmula Uno en muchísimos años.
Su presentación dejó en segundo plano la incontestable
victoria de su compañero Felipe Massa y la coronación
-por segundo año corrido- de Fernando Alonso.
Bajo un cielo totalmente despejado y temperaturas que oscilaban
alrededor de los 16 grados, se dio la largada y rápidamente
Schumacher se colocó octavo. Tras un fugaz escarceo con
Giancarlo Fisichella -a quien logró superar limpiamente-
el Ferrari del germano comienzó a perder velocidad hasta
que entró en los pits, mientras en las tribunas una sensación
de frustración lo envolvió todo. Sin embargo, Schumacher
no tenía en sus planes rendirse tan temprano. Cuando
retornó a la pista los graderíos rugieron de emoción.
Vuelta a vuelta fueron cayendo Monteiro, Yamamoto, Albers,
Liuzzi, Doorbos, Speed, Kubica y De La Rosa, mientras los
aficionados aplaudían cada vez que el auto escarlata
se aproximaba a sus predios. No pudo subir al podio, pero
demostró nuevamente su altísima capacidad al volante
luego de salir de los boxes en último lugar y arribar
a la meta en la cuarta posición. Sin duda un gran carrera.
Otro motivo para celebrar en Brasil fue en bicampeonato de
Alonso, que pese a llegar en segundo lugar retuvo el campeonato
de pilotos. La máxima emoción fue para el joven
piloto brasileño Felipe Massa, quien ganó su segundo
GP esta vez en casa.
Fotos: AP/AFP/Reuters y Efe
Montaje:
Vannesa Hidalgo
Textos: Antonio Castillo (enviado especial)