BILLY RUSSO
EL UNIVERSAL
Las grandes hazañas siempre tienen a una figura visible,
pero tras ésta hay innumerables almas apoyando y alentando
la realización de nuevos e históricos logros.
Anoche no fue distinto con Aníbal Sánchez, quien
tuvo tras de sí a toda una región, a todo un país
arengando por cada out que sacaba y sufriendo también
con cada suspiro del venezolano.
Desde su casa en Maracay, la familia del venezolano celebró
el hito de su hijo, de su hermano, de su amigo y fiel compañero.
"Es algo grandioso. Aquí no lo podemos creer. Estamos
muy felices", declaró María Alejandra Sánchez,
hermana de Aníbal, al contestar el teléfono
celular de su madre.
En Maracay todo era fiesta. La casa del serpentinero
de los Marlins estaba abarrotada de familiares y amigos.
"Esto aquí es una locura", contó la madre
de Sánchez. "Nosotros estábamos siguiendo
el juego por Internet porque la señal de cable
se nos había caído. Era muy angustioso,
pero todas nuestras fuerzas y mejores deseos estaban
con él, en sus lanzamientos", agregó la
señora Carmen entre sollozos.
Mientras transcurría el juego, en el hogar
de Aníbal no se escuchaba nada. El silencio
era ensordecedor. "No queríamos hablar, porque
dicen que eso es de mala suerte, por eso ni abríamos
la boca", comentó la madre del lanzador.
Por su parte, Aníbal Sánchez padre,
desbordado por la alegría y la emoción
del juego sin hits ni carreras conseguido por
su hijo, expresó en medio del bullicio que
había en su casa: "Nosotros estamos con él.
Sentíamos una gran presión. Cuando se
puso el guante en la boca, en el octavo inning,
estaba evocando así a su abuela, le pedía
fuerza".
La angustia de seguir el juego a través
de la web para la familia de Aníbal acabó
cuando en el inicio del octavo llegó la
señal de cable.
"Tuvimos la oportunidad de ver los últimos
dos innings de Aníbal. Fue algo genial.
Lo que hizo mi hermano demuestra que con el
poder de Dios todo es posible", afirmó
María Alejandra.
Pero no sólo desde Maracay fue celebrada
la gesta de Sánchez. En Florida, su
compañero de equipo y compatriota,
Miguel Cabrera, también lo hizo. "Nunca
pensé vivir algo así. Es un gran
regalo".