DANIEL RICARDO HERNANDEZ
EL UNIVERSAL
Todo niño en edad escolar y adolescentes deberían
participar en alguna actividad física adecuada que tenga
la capacidad de formar parte de su estilo de vida en el futuro.
Pero, pese a las bondades de esta sugerencia universal, es
preciso que se esté al tanto de cierto tipo de detalles
antes de iniciar a una persona de corta edad al desarrollo
de sus aptitudes: "Lo primero que se debe tomar en cuenta
es la diferencia entre actividad física y deporte", explica
el doctor Francisco Perozo, especialista en Medicina Deportiva,
quien explica que la primera "se refiere al ejercicio físico
en general, tras la búsqueda del desarrollo físico
integral del individuo". Mientras que lo segundo "se refiere
a la práctica de algún deporte específico y
se persigue el rendimiento en esa disciplina".
Según el galeno habrá individuos que practiquen
deporte a nivel recreativo y otros a nivel competitivo:
"Allí hablaríamos del niño atleta; esto diferencia
el trato a cada uno de ellos, pero no sólo esto lo
condiciona. El sexo, la edad, su estado nutricional y el
estado de salud física de base (también) condicionan
todo eso, sin contar si existe alguna discapacidad que requiera
algún tipo de compensación".
Las alternativas para ejercitar al niño se pierden
de vista, especialmente en un país como Venezuela
donde hay deportes muy ligados a la idiosincrasia local;
tal es el caso del beisbol y el baloncesto, disciplinas
que según los especialistas afinan los reflejos,
permitiendo respuestas rápidas y lógicas ante
situaciones apremiantes. O la natación, una de las
disciplinas más completas, que forma una capacidad
cardiovascular óptima, amén de ayudar a la resistencia.
Temprano y sin presiones
De acuerdo con el doctor Javier Sánchez, del grupo
Prevención en la Infancia y la Adolescencia (Previnfad),
existe una edad ideal a partir de la cual debe iniciarse
al niño: "Los deportes organizados son preferibles
a partir de los seis años, por deseo del niño
y con el objetivo de disfrutar; el deporte organizado
asegura la actividad física regular".
Francisco Perozo, por su parte, enfatiza que la
práctica de actividad física o de deporte
nunca debe ser de manera obligatoria: "Para tratar
todos estos puntos se debe contar con un grupo multidisciplinario,
compuesto por los padres, representantes o responsables,
médicos en el área, pediatras, entrenadores,
técnicos y psicólogos y por supuesto el
protagonista, el niño, quien debe recibir estímulos
positivos, nada de presiones para mantener la asistencia
a la actividad o mejorar el rendimiento, ni obligarlo
a nada, tener presente que el niño es niño,
no convertir esto en un trabajo o motivo de estrés
y entender que el pequeño también necesita
momentos de solaz y diversión". De allí
que recomendar un deporte en específico no
es lo que estilan los especialistas, porque cualquiera
que elija el niño siempre será la ideal
para sí, siempre y cuando cuente con la orientación
adecuada.
Sobre la intensidad, Sánchez, de Previnfad,
explica: "el tipo y cantidad de ejercicio no están
determinados, aunque se estima que en preescolares
puede ser suficiente la actividad innata espontánea
cuando se le permite el juego libre y en escolares
y adolescentes se recomienda al menos 20 minutos
diarios de ejercicio, tres o más veces por
semana".
Fuerza infantil
Si la actividad física en la que va a participar el
niño implica entrenamiento con fuerza,
Sánchez recomienda "intercalar condiciones
aeróbicas con las de resistencia e incluir
calentamiento y enfriamiento". Además
sugiere "iniciar y aprender los ejercicios
sin resistencia o sin peso para después
irla añadiendo progresivamente y no incrementarla
hasta completar de ocho a quince repeticiones
por ejercicio". Igualmente recomienda involucrar
en los entrenamientos el mayor número
de grupos musculares y el más completo
rango de movilidad articular. Destaca además
que el levantamiento de peso no es la actividad
más aconsejable para los niños.
Es más bien una opción para quienes
superan la mayoría de edad.
Seguridad personal
Una opción aceptable que también contribuye con
el desarrollo mental y físico de
los más pequeños, tiene su origen
asiático. Esta no es más que
la práctica de kárate, kung
fu, taekwondo, o cualquier arte marcial
que "les da seguridad de sí mismos
a los niños, los involucra en la
disciplina y el deporte", según asegura
el senséi Sandro Segnini, cuarto
Dan en kárate do.
Optimizar la velocidad, así como
potenciar la elasticidad y la fuerza
son algunas de las promesas de las artes
marciales, según comenta Segnini,
quien además es el creador de la
modalidad de fitness de combate tae-tek:
"Las artes marciales son beneficiosas
hasta como para llevarla como carrera,
como algo paralelo a los estudios; los
niños las pueden practicar desde
los cuatro años con una frecuencia
de tres veces por semana".
Estas disciplinas de origen asiático
no tienen contraindicación alguna,
de acuerdo con Segnini. Sin embargo,
precisa, "aquellos que tengan deficiencias
de coordinación o problemas óseos
no deberían practicarlas".