KELVY PIRELA
EL UNIVERSAL
Inesperadamente la tierra comenzó a temblar. En el
sitio no se habían detectado fallas tectónicas, por
ello extrañaba el movimiento. De repente, el piso crujió
como si se partiera en dos y del suelo surgió un manantial
con tal fuerza que alcanzó las nubes. No, no era petróleo,
era fútbol.
Aunque siempre se rumoreó que en Venezuela _cuyo su
principal "producto" deportivo es el beisbol_, había
fútbol, esto siempre fue una duda para países tan
lejanos como Chipre o tan cercanos como Colombia.
Sólo el atrevimiento de una empresa llamada "vinotinto",
que en los últimos tres años ha mostrado un desarrollo
sostenido con sus buenos y notorios resultados, pudo demostrar
que el producto venezolano existía y que, además,
posee mucha calidad.
Otras compañías más chicas como el Caracas
FC, el Deportivo Táchira y el Unión Atlético
Maracaibo, que compitieron en la Copa Libertadores, también
contribuyeron a expandir la ya resonante "buena fama".
Todas lo hicieron tan bien que el Sao Paulo de Brasil
pidió al atacante Alexander Rondón. Ya en
Uruguay el Nacional de Montevideo veía con agrado
el trabajo del zaguero central Alejandro Cichero, un
producto venezolano; en Argentina ya habían probado
la calidad de Héctor "el Turbo" González.
La mayor de las certificaciones de calidad llegó
desde la "liga de las estrellas", de España.
El Mallorca escuchó a su técnico, Benito
Floro, y se llevó al volante ofensivo Juan Arango,
quien ya es uno de los motores de la ofensiva del
conjunto europeo que se encuentra en pretemporada.
También de la madre patria solicitaron al
zaguero central José Manuel Rey (Pontevedra)
y de Italia al volante de contención Miguel
Mea Vitali (Ancona).
Pero Colombia rompió todos los récords
al solicitar hasta cinco jugadores. De Maiquetía
salió un tanquero con las dimensiones del
Pilín León transportando a Leopoldo
Jiménez al campeón de la Libertadores,
Once Caldas; a Rafael Dudamel al Cortuluá,
a Jorge "el Zurdo" Rojas al Atlético Nacional
y a Leonel Vielma y César "el Mestrico" González
al Deportivo Cali.
El jugador venezolano comenzó a ser importante
fuera de nuestras fronteras. Aún no tanto
como el argentino, el uruguayo o el brasileño,
pero ha ganado su espacio.
El reciente éxodo de los jugadores de
la vinotinto, que para este momento tiene
a 10 de sus titulares jugando en el exterior
(sólo Angelucci juega en Venezuela),
se asemejó mucho al que ocurre en febrero,
cuando los beisbolistas se marchan a Estados
Unidos al inicio de los entrenamientos de
primavera.
La de los peloteros es una empresa ya establecida
que genera muchos dividendos y con productos
muy cotizados. La del fútbol está
en ciernes, por ello hay que cuidarla. Su
rentabilidad dependerá de los buenos
resultados de la selección, de los
clubes en las competencias continentales
y, por supuesto, del desempeño de cada
uno de los jugadores que inscribieron su
nombre en un mercado que, hasta hace poco,
mantenía sus puertas cerradas. El manantial
sigue abierto y apunta a las nubes. Hay
que montarle una torre, un balancín.
Nació otra industria, la de los futbolistas.