HANS GRAF
EL UNIVERSAL
La salida de los venezolanos al exterior puede interpretarse
como un espaldarazo a la gestión del técnico Richard
Páez. Los jugadores, que han mostrado su calidad y capacidad
técnica en la corta evolución que vive el balompié
venezolano, podrían convertirse en embajadores del fútbol
y en piezas para mostrar el concepto desarrollado e inculcado
por el estratega venezolano.
Este panorama es muy alentador tanto por los jugadores como
figuras individuales como para la selección en lo colectivo
y quizá también para el torneo local, pues aunque
no vamos a poder ver a los vinotintos domingo a domingo en
las canchas de los estadios locales, sí nos llenará
de emoción saber que en el diario deportivo Marca, por
citar uno, hablan de Juan Arango, o en los diarios de Cali
resuena el nombre de Leonel Vielma o que la exigente prensa
deportiva argentina califica con signos positivos las actuaciones
de Cristian Cáseres, Vallenilla Pacheco o "el Turbo"
Héctor González.
Esta dimensión global tiene implicaciones negativas
que quedaron en evidencia tras el fracaso 4-0 en Tokio cuando
se trata de asumir convocatorias con llamados equipos B.
También el torneo local se ve afectado, al igual que
los niveles directivos y los medios de comunicación,
los cuales en general parecen quedarse atrás, rezagados
ante esta generación de jugadores que todavía
tiene mucho que aportar y que, tras esta nueva evidencia
de su calidad, mantienen vivo el sueño de ir a un mundial,
que muchos desean sea Alemania 2006.
En este momento deben todos apurar la marcha. Los equipos
del patio, que se aprestan para iniciar el campeonato,
tendrán que trabajar más con canteras, con los
chicos y procurar importados de mayor calidad, que deben
ofrecer buen espectáculo. Los directivos, ingeniárselas
para conseguir el dinero que permita elevar el nivel de
juego y atraer gente a las tribunas. Los medios tendrán
que mejorar, porque no bastará con simplemente reseñar
los resultados de los partidos que se juegan en las ligas
de todo el mundo, pues ahora hay en ellas más jugadores
vinotinto sobre los cuales contar o decir algo.
La salida de estos jugadores no es simplemente un acto
en el cual se resalta el valor individual que cada uno
de ellos tiene, sino que lleva un mensaje de optimismo,
pero también otro de alerta. A ambos hay que prestarle
igual atención porque el futuro de este deporte
en Venezuela depende en buena medida de nuestra capacidad
para entender este fenómeno.
El éxito de ellos en sus respectivos equipos
está ligado a su desempeño en la cancha,
y los goles que puedan marcar o de lo bien que lo
hagan en sus respectivas posiciones, pero lograr que
esta sálida en masa se convierta en algo cotidiano
para el venezolano se supedita a otros factores.
Antes ver un grandeliga venezolano era un hecho
aislado, hoy en día anualmente salen unos cincuenta
jugadores a las ligas mayores. El mismo proceso
se comienza a dar con el fútbol, pero el éxodo
masivo y constante requiere de estructuras mejor
desarrolladas y de una nueva mentalidad.
Llegó el momento de madurar y asumir al
fútbol venezolano como un reto, como una
industria y no como un sueño o una ilusión.