JEANETTE HERRERA
EL UNIVERSAL
Athos, el labrador, que desde hace tres semanas ayuda en
todas sus actividades diarias a Germán Gamarra _un joven
que usa silla de ruedas como consecuencia de un accidente_ estaba
bastante inquieto y juguetón la tarde en que lo presentaron
"en sociedad" como can de asistencia.
El animal es el quinto perro de este tipo que se entrena
en Venezuela para ayudar a las personas con discapacidades
motoras y auditivas. Esa tarde, Kala y Mike (veteranos en
el oficio de ser asistentes) y Roger (en entrenamiento) demostraron
junto a Athos todo lo que son capaces de hacer: abrir y cerrar
puertas, abrir gavetas, prender y apagar luces, recoger objetos
del suelo y ayudar en la movilización de la silla. "Estos
perros se convierten en una extensión de la persona,
se vuelven indispensables y los ayudan a tener una mejor calidad
de vida. Los perros se adaptan a las necesidades de la persona:
si están en silla de ruedas ellos los ayudan a movilizarse
y hacer actividades que normalmente les son difíciles;
si se tiene problemas auditivos, el perro avisa al usuario
sobre distintas fuentes sonoras: el llanto de un bebé,
un timbre, el teléfono", explican Jindred Romero y Dinorah
Rawlins, entrenadoras de la Fundación Regalame una Sonrisa,
que lleva adelante este proyecto de formación de perros
de asistencia.
Inteligencia en cuatro patas
Los perros de asistencia son realmente astutos.
Están pendientes del más mínimo movimiento
de sus amos para ayudarlos. "Ellos no son mascotas,
son perros de trabajo y así hay que tratarlos.
No es recomendable que los extraños los acaricien
y menos que busquen distraerlos porque ellos están
entrenados para cumplir una función específica",
indican las entrenadoras.
No todos los canes pueden formar parte de este tipo
de programas: los labrador retriever y los golden
retriever son las razas más apropiadas para quienes
deben usar sillas de ruedas pues no son agresivos,
tienen disposición al trabajo, son fuertes: lo
que les permite hacer movimientos de tracción
y son atentos. Para las personas con problemas auditivos
se entrenan animales más pequeños y muy
reactivos a los sonidos.
Para seleccionar al perro indicado, en la Fundación
Regálame una Sonrisa les aplican test de personalidad
(temperamento, habilidades, capacidad de adaptación)
y a las siete semanas de vida se les separa de la
camada y se les lleva a una familia adoptiva, quienes
serán los encargados de enseñarlos a socializar
y aprender aspectos básicos como hacer sus
necesidades en el sitio adecuado, no romper los
objetos y no montarse en los muebles. A los 8 meses,
comienza su entrenamiento como canes de servicio
_que dura seis meses para los que ayudarán
a personas con discapacidades motoras y 2 meses
para los de necesidades auditivas_, explican Romero
y Rawlins.
Cuando están listos se mudan con su nuevo
dueño y comienza el período de acoplamiento
de ambos.
Experiencia enriquecedora
La Fundación Regálame una
Sonrisa comenzó a trabajar con este
tipo de perros hace dos años: "en el
país no había este tipo de animales.
La experiencia comenzó con Zabachi,
la primera perra de asistencia del país
que fue entrenada en Estados Unidos, pero
que murió el año pasado. Cuando
Zabachi volvió al país contactamos
a la Fundación Bocalán de España
y comenzamos a formar a los primeros entrenadores",
relata María Alexandra Calderón,
directora de Regálame una Sonrisa.
Actualmente, Roger (el can que sustituirá
a Zabachi) y Bongo están en etapa
de entrenamiento.